martes, 1 de febrero de 2011

Jota Peleteiro: El éxito de una familia extrordinaria

http://www.lavozdegalicia.es/deportes/2011/02/01/0003_201102G1P47991.htm

El jugador que creció en un taxi

Jota ha visto cumplido el sueño de su vida, pero para debutar en el fútbol profesional ha tenido que renunciar a muchas cosas de su adolescencia y ha tenido que sacrificarse más que nadie. Porque la historia con final feliz de José Ignacio Peleteiro Ramallo (A Pobra do Caramiñal, 1991) en el Miniestadi comenzó cinco años atrás, con tan solo 14, cuando lo fichó el Celta del Xuventude de Aguiño y para ir a entrenar a Vigo tenía que recorrer todos los días 200 kilómetros en taxi.

La historia de Jota no se entiende sin sacrificio y talento. Menudo, por su anatomía siempre estaría un peldaño por debajo de los chavales de su edad, pero la calidad no solo contrarrestaba su déficit físico, sino que le convertía en uno de los mejores del equipo. Por eso en el Aguiño, adonde llegó después de comenzar a jugar en Boiro al fútbol sala, siempre terminó jugando con equipos por encima de su edad. «Con el talento se nace, y él lo ha tenido desde el primer día. Siempre ha sido igual como futbolista, técnico, ofensivo y muy trabajador y constante. Desde pequeño dijo que quería ser futbolista y no ha reparado en sacrificios hasta conseguirlo», comenta su padre, José Peleteiro, que además fue su primer entrenador y el hombre que le ha marcado. «Ha sido la persona de quien más he aprendido», comentó el jugador, que también se acuerda de Matilde, su primera mentora.

El Celta ya sabía de su existencia, pero tomó conciencia real de su posibilidades en unas semifinales de la Vigo Cup. Los de A Pobra eliminaron a los célticos con Jota como protagonista. Poco después, papá Peleiteiro recibió la llamada de Javier Maté, entonces director de la base celeste, proponiéndole el fichaje. Desde Madrid el Atlético hizo lo mismo, pero la familia quería que se quedase en Galicia y José Ignacio quería seguir residiendo en su casa de A Pobra. «Cuando nos llamó Maté nos pusimos muy contentos y el chaval nos dejó claro desde el primer día que quería ser futbolista, que quería ir al Celta, pero quería ir y venir todos los día». Así que llegaron a un acuerdo con Maté para que los vigueses abonasen el taxi dos días por semana y mamá se encargaba del tercer viaje. Durante dos años (con 14) salía de clase a las 17.30, recorría 200 kilómetros «por una carretera que nada tiene con la autovía actual», entrenaba y regresaba a A Pobra a las once y media de la noche. A veces, a las siete de la mañana del día siguiente estaba estudiando. Su padre recuerda que incluso cuando estaba lesionado, lejos de recuperarse en casa, quería ir todos los días a A Madroa para estar bajo el control de los servicios médicos celestes. Durante este primer ciclo el fútbol inglés también tocó a su puerta, pero sin éxito.

Llegado el segundo año de cadete, el Celta le exigió residencia en Vigo y fue la familia quien se sacrificó. Se marcharon a la urbe y eran los padres quienes viajaban al Barbanza todos los días. «Mis padres siempre han hecho todo lo posible porque yo cumpliera mi sueño de ser profesional», comenta Jota cada vez que tiene oportunidad.

En juveniles comenzó a volar. No porque se emancipase a los 18 ni pactase con sus padres un alto en los estudios -«hicimos un trato, si deja el fútbol vuelve a estudiar, pero llegado a cierto nivel se le hacía incompatible», dice José Peleteiro-, sino porque el pobrense se hizo un lugar en la quinta de oro de A Madroa, en el equipo que disputó la final de la Copa de Campeones al Barça. La temporada pasada fue el líder del juvenil A y en el verano del 2010 ya vivió su primera concentración estival con el primer equipo. Siete meses después, tras ser pieza fundamental en el filial, consiguió su objetivo de debutar con el Celta. El premio al sacrificio y al talento.

http://www.lavozdegalicia.es/deportes/2011/02/01/0003_201102G1P47991.htm

A seguir Jota... objetivo, trascender!!!